jueves, 20 de octubre de 2011

El suéter 17

El Suéter 17

Por:Steffan Bohórquez Cuello

Una tarde sentado en los escalones que daban a la entrada de la casa, me sentía decepcionado y un poco frustrado; era nuestra séptima derrota en línea, pensé que la victoria no existía para nosotros, ése era el frio pensamiento que nos habían sembrado los chicos de la otra cuadra; esa tarde Papá llego con un gran regalo para mí, un suéter; lo cual se me hizo muy extraño de él, Papá sólo me daba regalos cuando era mi cumpleaños y cuando me iba muy bien en las calificaciones de colegio; pero no pasaba ninguna de las dos situaciones lo cual se me hizo muy extraño recibir un regalo de parte de él en esa época. El suéter que me dio no era cualquier suéter, aunque cuando lo vi aparentaba ser un suéter normal, era de color gris claro combinado con un azul turquí y una esfera naranja que suponía ser un balón; pero cuando le di la vuelta, tenia estampado el numero 17 con un azul muy resaltante, desde ese entonces se convertiría en El Suéter 17.

En ese entonces, me costaba entender el porqué un suéter común y corriente, tenía un numero estampado en su parte trasera, se supone que los suéteres que tienen números son los de los equipos de futbol, beisbol, basquetbol e incluso vóleibol; pero el mío tenia un numero sin pertenecer a ninguno de estos deportes, entonces me preguntaba insistentemente cuándo debía colocarme este suéter, recuerdo haberlo guardado hasta cuando estuviera decidido, de cual debería ser ese momento en la que convenía colocármelo.

Si mi memoria de infante no me traiciona, recuerdo la vez que me puse por primera vez ese suéter, sentía una rara emoción; me creía como todo un atleta y me preguntaba si el suéter tenía algún poder especial. Una tarde del mes de octubre, mis amigos llegaron a casa a buscarme para que jugara futbol en el equipo de ellos contra el equipo de la otra cuadra, ya que entre nosotros había una gran rivalidad, que sólo se saciaba en la arena; ese día mire El Suéter 17 y no dudé en colocármelo para descubrir que era capaz de hacer con el.

Llegamos al Campito, nuestro lugar de juego; un viejo parqueadero que amoldábamos y lo convertíamos en todo un campo de futbol. Nuestro juego empezaba a las 3:00 Pm, era la hora perfecta porque todos lo autos que se estacionaban en ese lugar no estaban allí; sólo faltaba media hora para las tres; era turno de nuestro equipo buscar los arcos y ponerlos en su sitio para el encuentro, era la séptima vez que lo hacíamos de seguido; después de haber acondicionado el parqueadero en todo un estadio, el partido de futbol estaba por comenzar. El equipo de la otra cuadra llego muy puntal y con mucha arrogancia, todo porque llevábamos una larga temporada sin ganarles y se creían superiores a nosotros, por esa razón era que siempre era nuestro turno colocar los arcos y amoldar el parqueadero.

El juego empezó, me sentía muy seguro de mi mismo, era la sensación que me daba El Suéter 17 y aparte de seguridad en mí, me daba capacidad y muchas ansias de victoria. Ese día ganamos tres goles por dos, el quinto y ultimo gol fue el que nos llevo a la victoria, sin contar que fue anotado por mí y El Suéter 17; mis compañeros de equipo celebraron conmigo y me pidieron que cada vez que jugáramos, procurara llevar el suéter de la victoria, El suéter 17. El ultimo recuerdo de ese día, son las palabras de un jugador del equipo contrario, que decían: “Estábamos tan cerca de la victoria, hubiésemos ganado si ese chico del suéter 17 no hubiese jugado”. Entonces entendí y respondí el interrogante que tenía sembrado en mi cabeza: El Suéter 17 debo colocármelo cuando sea la hora de la victoria.

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